Dormir bien: El tratamiento de belleza natural más efectivo

Dormir bien puede resultar muy reparador y se refleja en nuestro rostro y en nuestra piel en general

Dormir bien se está convirtiendo en todo un reto en la época que nos ha tocado vivir. Pandemia, preocupaciones, estrés, migrañas, dolencias crónicas que nos impiden conciliar el sueño profundo, son sólo algunas causas por las que nos cuesta llegar a tener un sueño reparador.

El sueño es fundamental para el correcto funcionamiento del organismo, así como para despertar con buena cara. Descubre por qué y cuáles son tus aliados para una noche reparadora y una mañana radiante. Duerme bien… para ser una Bella Durmiente del siglo XXI.

Durante la noche se ponen en marcha cinco mecanismos que permiten que la piel se recupere. Son la descamación, la diferenciación celular, la restauración de la función barrera, la activación de la microcirculación y la reorganización celular. Cuando se duerme bien y se descansa en condiciones, todo funciona como debe. Sin embargo, cuando falla el descanso, empiezan los problemas.

Duerme bien para estar más guapa

Está comprobado que no hay mejor cura de belleza que un sueño reparador, ya que es precisamente por la noche cuando todo nuestro organismo (incluida la piel, que es su mayor órgano) pone en marcha todos sus mecanismos de reparación y autoregeneración para paliar los daños a los que ha estado sometido durante el día. Por eso, cuando le robamos tiempo al sueño, lo pagamos con creces, no solo con el cansancio, sino con la repercusión directa tanto en la belleza como en el bienestar de todo el cuerpo.

Los ritmos circadianos

Todas las células de nuestro cuerpo tienen integrado su propio reloj biológico, que regula todas las funciones fisiológicas del organismo para que sigan un ciclo regular, que se repite aproximadamente cada 24 horas y que suele coincidir con los estados de sueño y vigilia. Estudiando estos ritmos, se ha comprobado que las células de la piel (sobre todo, fibroblastos, melanocitos y queratinocitos) actúan de forma coordinada y tienen una tasa de regeneración y reparación muchísimo más alta durante la noche.

Por eso, es el momento perfecto para aprovechar ese plus de actividad de las células de la piel y darle un impulso extra con principios activos con propiedades regeneradoras y reparadoras que faciliten esta función y nos permitan cuidar la piel mientras dormimos.

Cosméticos de día y de noche

¿Realmente importa qué cosmético aplicamos en cada momento del día? La respuesta es un “sí” rotundo. Los cosméticos para la noche van mucho más allá: mientras que en los productos para utilizar durante el día las principales funciones son hidratar y proteger la piel de todas las agresiones que va a recibir a lo largo de la jornada (que van desde el estrés a la polución, pasando por los daños ambientales, la sequedad o los cambios de temperatura), los de noche aprovechan los propios mecanismos de regeneración de la piel, mucho más activos por la noche, para ayudar a reparar y regenerar mientras descansamos.

Tú descansas, tu piel se activa

Por otra parte, durante la noche, la piel es mucho más receptiva a los tratamientos cosméticos: su temperatura es más alta y el riego sanguíneo es más intenso, lo que favorece la acción de las fórmulas que se aplican, acelerándose las reacciones metabólicas. Además, al estar en posición horizontal, se favorece la eliminación de líquidos y toxinas, así como la oxigenación de los tejidos.

¿Qué le pasa a tu piel si no duermes lo suficiente?

  • Se vuelve más sensible y reactiva
  • La falta de sueño descompensa la función barrera de la piel, lo que da lugar a sequedad, irritaciones y un aumento de la sensibilidad cutánea.
  • El envejecimiento se dispara
  • Al no realizarse correctamente las funciones de reparación y regeneración, las fibras de sostén (sobre todo, el colágeno) se rompen.
  • Tono apagado e irregular
  • Cuando no descansa como es debido, la piel no realiza adecuadamente sus funciones nocturnas, lo que se traduce en un aspecto apagado, agotado, menos uniforme y mate.

A nivel hormonal

Durante el sueño, producimos hormonas del crecimiento, que estimulan la reparación celular de la piel. Si no descansamos, en lugar de éstas generamos cortisol, la hormona del estrés, que aumenta la inflamación y favorece la aparición de líneas, arrugas y brotes de acné.