Hace 64 años, Laika fue condenada a morir en el espacio por la humanidad

Laika dio su vida para que los humanos pudieran comprobar los riesgos de viajar al espacio. Su viaje se sabía sin retorno a bordo del Sputnik 2 y no se sacó nada en claro de este ‘chapucero’ experimento soviético

A lo largo de la historia, los humanos han utilizado a su libre albedrío y para beneficio propio, a los animales que habitan en la tierra. Ya sea para el ‘bien de la ciencia’, o de la ‘humanidad’, los animales han sufrido y perecido por el egoísmo del ser humano, que se creen con el derecho de explotar, asesinar y torturar a sus semejantes, todos habitantes del planeta Tierra.

Laika fue una de esas víctimas del ser humano, que vio como su vida se quedaba en el espacio para apuntar unos datos en un papel. Desde el día que esta perrita cayó en manos de científicos de la antigua Unión Soviética, se sabía que iba a ser sacrificada para poder conocer el posible comportamiento del humano en el espacio.

Laika, que significa “ladradora” en ruso, fue rescatada de las calles de Moscú, para pasar a la historia como uno de los animales más importantes y famosos del mundo. Mezcla de Spitz y Husky Siberiano, esta simpática perra tenía solo 3 años, y fue elegida, junto a otras dos perras (las tres hembras), para dar su vida por el bien de la raza humana un 3 de noviembre de 1957. Entrenadas sin descanso, Laika, Algina y Mushka, era sometidas a largos periodos de tiempo encerradas en un diminuto cubículo, y expuestas a ruidos descomunales y perversas vibraciones que harían enloquecer a cualquier ser vivo. Una tortura que ningún ser se merece.

La gran mentira de la Agencia Espacial soviética sobre la triste muerte de Laika

En un primer momento y al poco de perder la vida la perra más famosa del mundo, la agencia rusa emitía un informe en el que se podía leer que Laika había sobrevivido durante 6 días, orbitando alrededor de la tierra, y que tras este periodo de tiempo, habría fallecido sin dolor ni miedo, gracias a una eutanasia programada.

Pero todo fue una gran mentira ante una misión que se convirtió en una auténtica chapuza. En 2002, Dimitri Malashenkov, unos de los el científicos que participó en este experimento, revelaba en el Congreso Mundial del Espacio celebrado en Houston, que Laika moría a las pocas horas del despegue del Sputnik 2 debido a un problema de hiperventilación y una severa taquicardia.

Esto lo causó, ni más ni menos, que al miedo extremo y al estrés al que estuvo sometida la perra. Además no contaron que la cápsula en la que tenía que ir el animal, se sobrecalentó de una manera casi insoportable, cosa que ayudó a que la Laika sintiera auténtico pánico que hizo que su corazón se detuviese.

El arrepentimiento de los científicos que condenaron a Laika a una muerte segura

Muchos científicos que participaron en este experimento en el que se maltrató de una manera cruel y salvaje a seres vivos, pidieron perdón y se mostraron muy arrepentidos de todo lo que ocurrido. Oleg Gazenko, uno de los responsables de aquel proyecto, se arrepintió de no haber diseñado un vehículo que trajera de regreso al pasajero de la cápsula, como así se hizo posteriormente con primates que sirvieron, de nuevo, como experimento humano

”Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No debimos haber llevado a cabo aquel experimento… Ni siquiera aprendimos lo suficiente de esa misión como para justificar la muerte de Laika” comentaba entonces muy arrepentido, Gazenko.

Como ya viene siendo habitual, el humano campa a sus anchas por este planeta, creyéndose dueño y señor de todo lo que vive en él, ya sean animales de otra especie o plantas. El debate moral sobre si el animal debe sacrificar sus vidas para el beneficio del humano, sigue existiendo y habrá quien se muestre partidario y quien no.

Pero la triste realidad es que el humano sigue jugando a ser dios con todo aquel ser vivo que se encuentra por su camino, solo para beneficio propio. Si el humano evolucionó y tuvo la oportunidad de tener el don del raciocinio, tenía que habernos servido para mejorar el planeta y proteger a todos sus seres vivos, y no para destruirlos y benefícianos con su dolor.

Laika, recordada en un monumento cercano al estadio del Dynamo de Moscú