Irene Rosales, colaboradora de Viva la Vida’, ha revelado la decisión que han tomado para preservar su intimidad

El polémico tema de la trifulca entre Kiko Rivera y su madre, Isabel Pantoja, parece haberse relajado y aunque no hay acercamiento ni entendimiento por ninguna de las partes, al menos el DJ ha rebajado sus apariciones en televisión y ya no carga tanto contra su madre, Isabel Pantoja, o contra su tío Agustin, a quien acusó en muchas ocasiones, de ser un “mantenido” y un “vividor“.

El marido de Irene Rosales aún se encuentra en plena recuperación de su posible recaída en las adicciones que un día lo llevaron al extremo. Concentrado en su nueva etapa de presentador y conductor de su programa en Twitch, ‘En casa con Kiko‘, el hijo de la tonadillera se está tomando con mucha calma los siguientes pasos a dar para poder zanjar la contienda con su madre.

Irene, colaboradora de ‘Viva la Vida’, comunicaba en este programa que ambos habían llegado a un punto en el que algo tiene que cambiar. Su intimidad, sobre todo en esto momentos y porque tienen dos hijas pequeñas a las que quieren proteger, es lo más importante para ellos en este momento.

La drástica decisión de Irene Rosales y Kiko Rivera para salvaguardar la intimidad de su familia

Kiko Rivera e Irene se mudaban de alquiler a un cómodo adosado en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, donde hasta ahora no tenían ningún tipo de problemas. Pero el revuelo levantado por las duras confesiones de Kiko Rivera sobre su madre, ha provocado que decenas de fotógrafos y reporteros se aposten a diario, a pie de calle, en la puerta de su vivienda.

La casa posee 140 metros cuadrados, distribuidos en 3 plantas, con 3 habitaciones, jardín, pero le falta algo indispensable para poder tener la intimidad que desean, un garaje que conecte con la vivienda y así no tener que hacer frente a la prensa cada vez que salen a la calle.

“Tengo que cambiar un poquito de donde estoy porque estoy a pie de calle” confesaba Irene. Al parecer la pareja ya estaría buscado una vivienda con más intimidad “Tiene que tener cuatro o cinco habitaciones. Una para cada niño y Kiko necesita su despacho”